Fecha: 14/05/2026
Retiro 14 de mayo de 2026
Imploremos al Espíritu de Jesús para que renueve nuestro corazón
PADRE ENRIQUE DA FONSECA
Ya bien avanzados en el tiempo de Pascua, la Iglesia se dispone a celebrar dos solemnidades que están profundamente unidas, la Ascensión del Señor y Pentecostés. Jn 16, 4-11 Entonces en primer lugar este es un tiempo predilecto para implorar la venida y la acción del Espíritu Santo en nuestra vida. Imagino que tenemos la costumbre de hacerlo a diario, ven Espíritu Santo, sana los corazones de tus fieles! Ven Espíritu santo y renuévame por dentro, renueva la faz de la Tierra... Como hemos compartido en otras ocasiones, el Espíritu Santo es la Promesa de Jesús, de nunca dejarnos solos. El Defensor, el Espíritu de la Verdad, el Amor que brota como una fuente viva de gracias en nuestro corazón. Por el Espíritu Santo recibido en los sacramentos, nuestro corazón se configura al corazón de Jesús y por eso podemos decir que de Dios, somos hijos en el Hijo. En este día, pensé poner el acento en el corazón. El corazón es el símbolo de todo nuestro mundo interior, de todos nuestros afectos y especialmente de cuando amamos. Por eso, sentir nuestro corazón es sentir sus latidos. Pero también es cierto que no siempre tenemos un corazón totalmente abierto a Dios. Muchas veces podemos experimentar la dureza de nuestro propio corazón y eso nos duele. Otras veces, ni siquiera nos damos cuenta de que nuestro principal problema no son las debilidades de los demás, sino que estamos desvalidos ante el dolor que nos provocan las heridas de nuestro propio corazón. Cada persona o situación que nos recuerdan esas situaciones dolorosas, nos vuelven a despertar sentimientos negativos, tristeza, desprecio, egoísmo, inseguridad, rabia, orgullo, etc. Y nosotros a la vez, con una gran sed de Dios, quisiéramos ser libres de esas situaciones que nos sacan vida, (para las que conocen a Harry Potter por sus hijos o nietos), verdaderos dementores, que nos succionan el interior. Nadie puede resistir cuando deja su corazón a merced de esos sentimientos. cuando deja su corazón a merced de esos sentimientos. El problema, es que esos sentimientos no los podemos manejar, no somos totalmente libres con ellos. Dios nos regaló una gran caja de resonancia en el corazón. Imagino que nos creó con él para que pudiéramos amar nuestra vida, al prójimo y finalmente a Él, para que ese amor nos implicara profundamente. El caso es que resuenan como campanitas delicadas las alegrías y logros, las personas que amamos, lo que nos hace feliz. Resuenan a la vez como una especie de bombo profundo nuestros dolores, situaciones traumáticas, heridas abiertas, todavía no suturadas. Además nuestra memoria que es selectiva, y el molesto bombo, a preferido registrar esas realidades que cuando las recordamos, nos vuelve a latir el corazón y para mayor dificultad, a veces además todos esos ruidos se nos mezclan. La imagen que me gusta es la "madeja enredada". Una buena cantidad de trozos de lana enredados pretendiendo ser sólo una pero no. Entonces nos duele una situación con un hijo pero estamos molestas con el marido y creemos que es el mismo problema. Toda la madeja está sensible, tirante... Además de tener corazón y memoria, tenemos vida inconsciente, hay realidades que operan en nosotros y no las vemos. La solución es tratar de verlo todo? Solo Dios nos conoce en lo más profundo. Él nos mira con misericordia... ¿Se equivocó Dios al hacernos tan complejos? Yo sólo puedo transmitir que todo lo que ha hecho Dios por nosotros es por Amor. Yo creo que por ello nos amó hasta el extremo por medio de Jesucristo. Es como que nos dijera, dejen de mirar sólo sus miserias, miren mi Amor, llénense de amor, confíen en mi Amor. Ven Espíritu Santo, Ven a mi vida y sáname por dentro, llena también mi corazón y el corazón de todos, para que tengamos más sed, para que podamos gozar ese Amor que Dios nos regala y que a veces no podemos ver o recibir. El perdón que Dios me da, el perdón que Jesús me ayuda a dar, el perdón que yo quiero regalar aunque humanamente me duele o simplemente no puedo dar pero pongo en manos de Jesús, es también puro Amor. Cada vez que perdono o que Dios perdona en mi, Él me está amando porque me está redimiendo, salvando. Quien suscita todo, mi apertura, mi anhelo de perdón es el ES. Espiritualmente hablando contamos con la acción del Espíritu en nuestro corazón. También sentimos la profunda necesidad de estar con Dios. De decirle que lo amamos y necesitamos. También le entregamos a Él el peso que llevamos en nuestros hombros. la Humanamente nos sigue molestando el bombo. Acudir al sacramento de Reconciliación para pedir soltar nuestra rabias y tristezas no está mal. Es pedir que Dios nos abrace y que nos regale fuerza y su presencia. No podemos pensar que porque tenemos heridas hemos actuado contra Dios. A veces los sentimientos negativos: la rabia, querer lo que otro tiene, manifestar desagrado y nada de conformidad por lo que me toca no habla de un pecador sino de alguien que padece parte de su propia vida, porque no puede asumirla y es sano que así sea. La tarea de acoger la fragilidad es compleja. Se presenta como una gran solución y yo la creo. Una mirada profunda de misericordia, como Dios la tiene con nosotros, nos invita a reconocer y asumir nuestras fragilidades para ojalá llevarnos a una dependencia mayor con Dios, saber que no podemos sin EL. No es io mismo hacer de nuestra fragilidad nuestra defensa o carcel. Jesús vino a liberarnos, por lo tanto, por lo menos sufre con nuestro corazón herido e impotente. Él siempre querrá liberarnos, sanarnos, salvarnos. Sólo nos pide corazón abierto, nuestra voluntad y cooperación. Si somos capaces de reconocerla ya es un gran paso. A menudo, la primera curación que necesitamos es la de ponernos delante de Dios.
Trabajo personal: 1. Imploro en silencio al ES. (podemos hacerlo con el corazón mientras cantamos)
2. Dejar que el Evangelio de hoy (san Matias) me toque el corazón. JN 15,9-17
3. ¿Qué significa para mi permanecer en el amor de Dios? ¿Dónde lo experimento?