Fecha: 14/07/0025
1.- Discernimiento espiritual
PADRE ENRIQUE DA FONSECA
En su 1º carta, 4, 1-6, San Juan dice:
“Queridísimos, no os fiéis de todo espíritu, sino examinad los espíritus, a ver si son de Dios. Por esto distinguiréis el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesús, el Cristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios, sino del anticristo, del cual habéis oído decir que viene, y ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido. Porque el que está en vosotros es más grande que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, y por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha. Pero nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos escucha; y el que no es de Dios, no nos escucha. En esto distinguimos el espíritu de la verdad y el espíritu del error”.
En este breve texto, San Juan dice que hay deferentes espíritus y que uno ha de examinarlos. Hemos de procurar discernirlos. Discernir significa conocer, comprender y reconocer cuál es el espíritu que está obrando. San Juan habla también aquí sobre el mundo. Cuando habla del “mundo”, no está hablando de lo “mundano”. En la literatura espiritual a menudo se presenta la cuestión de si uno es o no es una persona mundana y, comúnmente, esto se refiere a la vanidad de apariencias, vestimentas, cosas, etc. No es de esto de lo que habla San Juan en este texto: lo que dice es que existen principios verdaderos y principios falsos que pueden operar en una persona. Uno de los principios del mundo es que uno ha de evitar el sufrimiento y otro, que uno ha de tener éxito, no pudiendo fracasar. Ahora bien, al dar estos dos ejemplos nos damos cuenta que es diferente a lo que dicen muchos escritos sobre vida espiritual, cuando se refieren a ser una “persona mundana”. Se trata, más bien, de algo profundo en el interior de la persona, que la mueve a buscar siempre el éxito o a evitar el sufrimiento. Esto es lo que San Juan quiere decir con “hablar según el mundo y el mundo los escucha”.
Los avisos de la televisión son un buen ejemplo. Un amigo me comentaba: si quieren ver el uso de los 7 pecados capitales, basta fijarse en lo que hace Madison Avenue con los avisos televisivos: apelan a todos los desórdenes de nuestro ser. Este es el lenguaje del mundo que estimula nuestro deseo de tener éxito, nuestro deseo de ser amados y reconocidos, nuestro temor ante el sufrimiento. De esto está hablando San Juan cuando habla del “mundo” y del “lenguaje del mundo”.
En otro lugar de la Escritura, San Juan dice: “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo Único”. Por eso tenemos que estar conscientes de que mundo tiene en la Biblia dos significados diferentes: en un caso dice que Dios ama al mundo y en otros casos Jesús habla del “príncipe de este mundo” y del “lenguaje del mundo”.
Todos estamos conscientes de que podemos tener buenas intenciones provenientes del Espíritu, pero que la auto-indulgencia, el egocentrismo y el egoísmo nos impiden realizarlas.
San Pablo nos recuerda en Gálatas 5, 16-26 que por los signos podemos saber si lo que nos mueve viene del Espíritu Santo o del espíritu malo. Lo proveniente del buen Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, confiabilidad, mansedumbre, auto-control. Lo proveniente del mal espíritu es envidia, celos, peleas, desacuerdos. Esto muestra tipos de evidencias externas que podemos tener.
El propósito básico del discernimiento espiritual es encontrar la voluntad de Dios. Saber lo que de mí quiere el Señor y ser capaz de reconocerlo. El discernimiento de espíritus es útil, por lo tanto, en el contexto de la búsqueda de lo que Dios quiere de mí.
El discernimiento de espíritu es posible en 2 niveles: el personal y privado, y el proceso de discernimiento grupal o comunitario. Aún en el discernimiento comunitario se llega al discernimiento privado o individual. Esto, entonces, es lo importante: aprender a discernir el espíritu en uno mismo. Sólo entonces sabremos utilizar las técnicas del discernimiento comunitario.
Aquí nos referiremos específicamente al discernimiento personal.
A.- Hay tres tipos de nociones, impulsos o tendencias ocurriendo en nuestro ser:
a) mi propio pensamiento, mis propias ideas.
b) éstas están bajo la influencia del buen Espíritu.
c) o bajo la influencia del mal espíritu.
B.- Creemos en la inhabitación del Espíritu Santo, creemos que somos templo del Espíritu Santo. Hay muchos pasajes bíblicos al respecto (1 Juan 4, 4-6).
¡Tenemos en nosotros el Espíritu Santo!
Hablamos del demonio o del “mal espíritu” cuando conversamos sobre discernimiento de espíritus pero, es muy importante tener claro, qué queremos decir con esto. Podemos creer en el demonio según aprendimos de chicos –ese ser que nos tienta- y eso está bien; si ese es el parecer que tenemos del diablo, podemos seguir creyendo eso. Pero de lo que hablamos en el discernimiento, es de algo más vasto que eso. De lo que estamos hablando aquí es de la suma total del mal que, desde fuera nos invade; es decir, del mal que desde los tiempos de Adán y del comienzo del hombre, se expresa como rechazo al amor por parte del hombre. Ese rechazo, esa negativa de rechazo se ha ido incrementando en el universo. La suma total de estos rechazos es la fuerza del mal que nos invade desde afuera. Esta fuerza del mal es una tendencia negativa dentro de nuestro ser. Y esa tendencia que nos viene desde fuera de nosotros es una fuerza personal porque es la suma total de toda la maldad humana en el mundo. La llamamos “mal espíritu”. Conviene describir en esta forma al mal espíritu porque experimentamos que esta fuerza nos invade desde afuera.
También experimentamos otro espíritu, el buen espíritu, como desde fuera de nosotros: ese espíritu que nos urge a amar, llevándonos más allá de nosotros mismos. El mal espíritu nos urge a centrarnos en nosotros mismos, nos impulsa a la auto-indulgencia y a la preocupación prioritaria por el “yo”. El buen espíritu tiende a llevarnos hacia la auto-donación y constantemente más allá de nosotros mismos. Por eso podemos decir que el buen espíritu sigue el espíritu de Cristo. Digo el Espíritu de Cristo en lugar del Espíritu Santo, porque Jesús es humano, es hombre y por eso, podemos hablar de su espíritu. Y el mal espíritu es el espíritu del diablo. El Espíritu de Cristo es espíritu de desinterés, de apertura, de servicio al prójimo; espíritu que mira más allá del propio ser. Es el espíritu de la verdad y del amor. El espíritu del diablo es espíritu de egoísmo, de centrarse en uno mismo, espíritu de confusión, espíritu de vueltas sobre uno mismo.
Pero también tenemos al Espíritu Santo en nosotros, y cuando el espíritu que desde afuera me mueve y trae paz y armonía, entonces sincronizo con el Espíritu Santo. Más aún, experimento quietud y paciencia porque por el Bautismo y la Alianza de Amor tengo dentro de mí al Espíritu Santo. Cuando se junta ambas nociones –la de dentro y la de fuera de mí- experimento paz y quietud. Si estoy en paz y me siento urgido a amar (a ir más allá de mi mismo), es señal de buen espíritu.
Quisiera ahora exponer sobre 2 estados posibles de una persona:
Pensemos en estas dos personas. ¿Quién se sentirá mejor con la que va de mal en peor? ¡El demonio! y si esta persona comienza a experimentar perturbaciones ¿Quién estará perturbándola? ¡El ángel bueno! Así, en el caso de una persona que va perfeccionándose, la fuerza perturbadora es el demonio. Por eso es importante conocer el estado de una persona, antes de poder decir si la perturbación viene del diablo o si viene del buen espíritu. Según la antigua terminología: al que está en estado de pecado mortal, el ángel bueno trata de hacerlo cambiar, perturbándolo y causando ruidos de todo tipo. Al que está en estado de gracia, la confusión le viene del diablo, intranquilizándolo consigo mismo.
Cuando hablamos de esta mociones de espíritus, mucha gente las confunde con pecado. ¡Y aquí no estamos hablando de pecado! Estamos hablando de mociones e impulsos de uno y otro lado que experimento en mi ser. Como es sabido, hay también muchas personas que confunden tentación con pecado… ¿sabían ustedes que es posible ser tentado para hacer el bien, tanto para hacer el mal? Una tentación no es más que eso: una tentación. Puede provenir del buen espíritu tanto como del malo; del mundo o de la carne.
Existen también otros sentimientos, mociones y experiencias por las que pasamos. El examinarlas puede darnos una idea de lo que ocurre en nosotros; los llamamos “consolaciones” y “desolaciones”. Desolación no quiere decir pecado, se trata de un modo de sentirse respecto de algo. Y consolación tampoco quiere decir santidad.
Una persona puede tener esas experiencias de consolación o desolación. Puede, en su interior, experimentar paz, quietud, bondad, confianza y paciencia. Por otra parte puede experimentar inquietud, confusión, la sensación de una total separación de Dios y experimentar todo género de tentaciones al mal. Mociones pueden tironearnos interiormente.
Cuando hablamos de “discernimiento de espíritus” estamos hablando de reconocer estas mociones, es decir, de tomar conciencia de ellas en nuestro ser. Y esta toma de conciencia podemos usarla como ayuda para descubrir lo que Dios quiere, para encontrar la Voluntad de Dios para nosotros.
Como expresé al comenzar, este hallar la voluntad de Dios es el propósito del discernimiento de los espíritus. Pero es importante saber qué significa el “discernimiento de los espíritus”. Básicamente es reconocer o hacerse consciente de lo que nos ocurre, de cómo está siendo uno movido en un momento dado. ¿Qué me está ocurriendo? ¿De donde proviene esta moción? ¿Viene del buen espíritu o del malo? Y como dije, algunas preguntas básica son: ¿Me siento ansioso o inquieto? ¿Estoy en estado de confusión? ¿Estoy perturbado, angustiado, envidioso o celoso? ¿Estoy tenso física o psíquicamente? Este es el comienzo del conocimiento de tales mociones o movimientos interiores. Otro tipo de mociones se experimentan como una sensación de bienestar, de alegría, de paz interior.
Estas son las mociones de los espíritus que debemos reconocer y, eso requiere práctica y una cierta dosis de orientación para poder reconocer cuando uno está en desolación o cuando en consolación. Podríamos pensar que es cosa fácil el saber cuando uno está desolado o consolado pero, a menudo, lo último que se le ocurre a la persona que está en desolación es preguntarse ¿estoy en desolación? Y por otro lado, a menudo el que está en consolación no le da gracias a Dios por estar consolado, sino que da por supuesto el estar así. En esta forma no se da ninguna reflexión, no se da una toma de conciencia de lo que se vive. Cuando algo ocurre y se pierde la paciencia, entonces la persona cae en la cuenta “no fui caritativo” pero no reflexiona “¿por qué falté a la caridad, qué me estaba pasando, por qué me puse duro? Si tuviese el conocimiento podría reconocer: “bueno, estaba desolado, estaba lleno de angustia y confusión y el otro, simplemente me fastidió demasiado”. De esta forma, nos damos cuenta que una cosa es poder definir lo que queremos decir con las señales del buen espíritu y las señales del mal espíritu. Otra cosa es saberlas reconocer en nosotros mismos. Y una tercera cosa, es usar el discernimiento de espíritus.
Ahora me gustaría hablar de cómo “hacernos conscientes”. Para ello hablamos de tomar conciencia del buen espíritu y del mal espíritu en forma personal y también, de toma de conciencia comunitaria. Cuando miramos dentro de nosotros mismos, podemos tomar conciencia de replegamiento sobre nosotros mismos o podemos tomar conciencia de estar abiertos a los demás. A veces podemos reconocer esto. También podemos tomar conciencia de que hay energías que desde fuera nos están impulsando. Llamaríamos a una la fuerza del amor y a la otra la fuerza del mal. La fuerza del amor es el Espíritu de Cristo y la otra la fuerza del demonio.
Ambos espíritus pueden urgirnos, desde afuera, en lo que podríamos llamar el dominio espiritual de las cosas. También pueden venir de fuera, por ejemplo, de la propia ciudad. En otras palabras, uno puede estar experimentando el espíritu de amor de Cristo que nos viene de nuestra ciudad, pero también puede uno experimentar el espíritu de división que nos viene de nuestra ciudad. Es bueno tener conciencia de esto; la comunidad puede expresar el amor que Cristo me tiene o, a veces, puede expresar una dimensión perniciosa. Debemos hacernos concientes de estas influencias, son una extensión de la autoconciencia o dicho de otro modo, una más alta y profunda conciencia de las cosas.
Escuchando a San Juan y el lenguaje del mundo y el espíritu del mundo puede este “hallarse” en cualquier lugar. No sólo estamos hablando de caminatas por el centro mirando los ventanales de las tiendas, vitrineando. Estamos hablando de los valores básicos en el interior de una persona. ¿Qué está motivándola? En otras palabras el desear reconocimiento o éxito puede ser una fuerza igualmente poderosa, tanto para el que está enclaustrado en un convento o como para alguien del mundo de los negocios. El no querer, por ejemplo, ver ningún valor en el sufrimiento, puede darse en cualquiera parte.
Ahora bien, en este uso del discernimiento de espíritu, lo que vemos que le ocurre a las personas es que, mediante una cooperación con el Espíritu de Cristo, viene la libertad; experimentan gran libertad en su interior. Es libertad para hacer cualquier cosa, por causa de esta relación con Cristo. Ese es el sentido de la paz y la quietud que hablé. Es otro modo de expresar la paz, el otro espíritu es el de la esclavitud. Los principios del mundo de los que hemos hablado actúan generalmente así. La persona logra gran éxito; ya juntando mucha plata se hace rico o es rico ya gracias a sus talentos, a su personalidad; lo admiran, lo honran, obtienen gran reconocimiento por el dinero o el talento que poseen. Puede ser un gran músico, o tener un grado universitario, o una personalidad fascinante. Después de esos honores, viene el orgullo. Y al enorgullecerse, fácilmente es inducido a hacer cuanto el diablo quiere. La acción liberadora de Cristo es muy diferente. Es muy misteriosa, y resulta comprensible el por qué no cuadra con los principios del mundo. La acción liberadora de Cristo comienza generalmente con una conciencia de debilidad, de limitaciones, de pobreza. Es ese tipo de pobreza que lleva a las humillaciones. El que no es muy listo, es a menudo humillado. Los pobres, son a menudo humillados; son los que han de estar parados, haciendo colas para la micro, los que no pueden conseguir trabajo, etc. Claro que eso no significa necesariamente que llegarán a ser humildes, pero en muchos casos, para la humildad éste es el primer paso; y en la humildad se encuentra la libertad.
A continuación quisiera hablarles de un método para “hacernos conscientes” de lo que sucede en nosotros porque lo creo muy importante. Se trata de una variación del examen de conciencia clásico y lo llamo “examen de mi estado de conciencia”. Es diferente porque se trata de hacernos conscientes de lo que nos sucede. En el examen de conciencia uno pasaba 15 minutos en 5 puntos: gratitud, petición de luz, examen particular y general; acto de dolor y contrición y propósito de obrar mejor. Se tendía a pasar casi todo el tiempo mirando pecados y faltas, como preparándose para una confesión. Era un examen de conciencia en términos de pecados y faltas.
Ahora quisiera hablarles de algo un poco diferente: “examen de mi estado de conciencia” empleando los cinco puntos:
Se pueden usar estos cinco puntos como un breve ejercicio de autoconciencia.
Una de las cosas que quiero decirles es que estos espíritus buenos y malos de que hemos hablado no son unos duendecillos sentados sobre nuestros hombros. Aquí estamos hablando de mociones, de esos impulsos que aparecen en mi ser. Algunas de esas mociones son positivas y me mueven a salir de mi mismo, a trascenderme, a moverme más allá de mí para mar a otros. Esa moción generalmente es expansiva y se llena de generosidad; es muy creativa y es con Cristo.
Hay otro grupo de mociones que podríamos definir como negativas: tienden a hacernos más y más egoístas, más y más egocéntricos… encerrados en nosotros mismos, llenos de temor y angustia, aburriéndonos, es decir, sin Cristo. Los sentimientos positivos que se vuelven hacia fuera son los que me liberan; los negativos, volviéndome hacia mí mismo, son los que me esclavizan.
La fuente de nuestros sentimientos interiores, necesito saber esos movimientos espontáneos en mi interior.
Aquí descubriremos muchas fuentes:
Queridas monitoras:
La semana pasada tuvieron un encuentro y profundizaron en el discernimiento espiritual.
Yo quisiera simplemente señalar algunos acentos y compartir un aporte desde la espiritualidad de Schoenstatt.
1 . Me parece que históricamente desde que Jesús ascendió al Padre, la Iglesia y sus miembros tuvieron que hacerse cargo de una gran pregunta: ¿Cómo hacer lo que el maestro querría? Pero los discípulos no estaban solos, recibieron al Espiritu Santo, la Promesa de Jesús es que no quedaríamos solos sino tenemos un Defensor. Los miembros de la Iglesia comenzaron a implorar y recibir el ES para poder llevar una verdadera vida cristiana. De ese gran influjo surgieron los carismas, la predicación, los Evangelios que pusieron las tradiciones orales por escrito con la intención no en primer lugar de contar la historia de Jesús sino como la manera de hacer presente al mismo Jesús , su vida entre nosotros. Entonces los criterios de discernimiento fueron quedando claros ¿Qué dice la Palabra inspirada? La Escritura. ¿Qué dicen los que estuvieron junto a Jesús y las comunidades que ellos evangelizaron? La tradición y el Magisterio.
¿Cómo y qué se predicaba de Jesús? Los carismas… Ej: san Pablo
¿Qué se fue reflexionando? Los primeros padres.
¿Cómo celebraba cada comunidad? La liturgia.
En un segundo estadio, me parece que hubo un gran desarrollo pero el aporte de san Ignacio es fundamental: El interés por observar o auscultar lo que pasa en nuestro interior. Las nociones de consolación y desolación. Los influjos en el alma. Que hasta el día de hoy nos ayudan incluso a integrar en la vida espiritual otros elementos como por ejemplo los de orden más psicológico. Sentó las bases de lo que en la Iglesia se entiende por discernimiento.
Por último, me parece que especialmente desde el siglo XX, ha habido un desarrollo en las espiritualidades que se abren a la acción del ES como protagonista en nosotros.
Para mi es importante exponer algunos presupuestos:
Uno muy importante y conocido: Purificar la imagen de Dios. Cada uno tiene en su ideario una imagen de Dios personal y está bien. Está profundamente influida por nuestros padres y familias, también por nuestra educación. No siempre esta educación le ha hecho favor a Dios, especialmente cuando ha acentuado con fuerza que nuestra religión el consiste en el cumplimiento de preceptos según un dogma o verdad recibida por el catesismo. Además con un énfasis en lo ético y moral descuidando lo celebrativo y el vínculo.
Y qué hacemos? Más Sagrada Escritura y más participación en la comunidad eclesial. Ahí conocemos las tradiciones que son tan importantes en la vida cristiana.
Es importante porque: Cómo voy a saber discernir lo que Dios quiere de mi si creo que Él siempre espera castigarme . No tendría la valentía de pedir ayuda a nadie si creo que Dios me va a condenar por mis errores, ignorancias o dudas.
Para discernir es necesario también tener la disposición y el tiempo para hacerlo. Ese tiempo depende de cada persona. No todos tenemos tiempos tan propicios pero siempre podemos detenernos a digerir lo que nos pasa y a tratar de tomar caminos según lo que me propone el Evangelio: El Reino de Dios donde el Amor es la principal medida de juicio y es el fundamento de las relaciones y vínculos, la vida de Jesús como camino o modelo. La imagen del Padre Dios según Jesús, que esclarece la del Antiguo Testamento.
Hay un discernimiento personal . Ahí tiene mucha importancia lo que Dios habla en el corazón o el alma. La comunidad siempre nos puede ayudar.
Un discernimiento comunitario es un ejercicio de complejidad. Pero es un esfuerzo muy necesario. El Papa Francisco nos invitó a la sinodalidad. Eso no significa que el párroco manda y los demás lo escuchamos… Significa encontrarnos todos en una mesa…. Cada uno tiene una función y lugar pero nos escuchamos y todos son importantes.