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GRACIAS QUE JESUCRISTO NOS TRANSMITE EN CADA PASCUA

Fecha: 02/05/2019

CENTRO LA PROVIDENCIA

RETIRO 2 MAYO 2019

PADRE JUAN PABLO ROVEGNO

 

2 PARTE – REFLEXION

 

GRACIAS QUE JESUCRISTO NOS TRANSMITE EN CADA PASCUA

Cada Pascua que vivimos con el Señor, nos va acrecentando la Fe en Jesucristo, Hijo del Padre eterno y en el Espíritu Santo, que nos otorga la comprensión necesaria para cada etapa de nuestra vida.

Tal como la naturaleza renueva año a año  la vida de pantas y animales, así nos sucede a nosotros, junto al Señor, que va alimentando nuestra Fe y robusteciendo nuestro espíritu, día a día, a través de Su PALABRA, los SACRAMENTOS, y las CELEBRACIONES EUCARISTICAS, hasta llegar a la meta o Pascua personal, donde Jesús resucitado, nos vendrá a buscar para llevarnos junto a su Padre.

¿Qué signo Pascual hemos experimentado en esta Pascua?

La Pascua es la celebración más importante después del nacimiento de Jesús, porque posee una gracia especial del Señor, que está esperando a que cada uno lo reciba.

Es una gracia renovadora del espíritu que empieza a crecer en cada corazón que se abre. Por lo tanto, cada Pascua no es una celebración que se repite en forma monótona, sino que es un Presente de vida que el Señor nos regala año a año.

En cada Pascua, el Señor, nos vuelve a hacer las preguntas que les hizo a sus Apóstoles, para que fundamentaran su Fe en Él, y Él a su vez, confirmar a cada uno, en la Misión que les otorgaba con Amor y Confianza en ellos. Sólo así, podrían recibir el Espíritu Santo que les había prometido y que les daría la fuerza para esa Misión, abriéndoles los ojos del corazón y el entendimiento necesario.

¿Qué es necesario para que la Pascua del Señor toque y renueve lo más profundo de nuestro corazón?

1.- La Liberación Interior

Para explicar mejor esto, recordemos lo que en Astronomía llaman “Agujero Negro” que fue observado recientemente con poderosos telescopios, comprobando que era lo que ya sospechaban: algo oscuro, rodeado de luces que giran en torno a esa oscuridad, que tiene una fuerza centrípeta tal que absorbe todo hacia el interior de ese hoyo negro, haciéndolo desaparecer en una oscuridad total.

En nuestra vida a nuestra alma le puede sucedes lamentablemente lo de ese “hoyo negro” donde yo me puedo transformar por mi forma de proceder, en un agujero negro. ¿Y por qué?

Porque el ser humano, víctima de su naturaleza pecadora tiende a aislarse, no involucrarse por no comprometerse, no querer confiar por temor a que abusen de él, o por egoísmo de querer todo para sí, o por complejos de todo tipo, que les producen rabia o envidia, en fin, por múltiples causas. Entonces se cierra, se aprieta en sí mismo, se comprime, como un hoyo negro y absorbe todo y se lo traga, porque su vida gira en torno a su ego.

Es como, si toda su vida anterior, el cariño recibido o no recibido, los recuerdos buenos y malos, los problemas, desencantos y fracasos se molieran como en una juguera y desaparecieran de sus recuerdos y los absorbiera ese agujero negro, y él mismo se transforma en negrura total ¡que agotamiento! ¡qué stress! Pues, toda la energía vital para vivir en positivo se transforma en negatividad. De esta manera la persona tiende a perder hasta las ganas de vivir, cae en depresión o enfermedades que llevan a perder el juicio. ¡El Señor no quiere eso para nosotros! Él desea que seamos altruistas y no cerrados dentro del yo.

Jesucristo vino a darnos vida y en abundancia, y esa vida nos la regala día a día, y nos lo recuerda en cada Pascua desde su entrada valiente en Jerusalén, dando ejemplo de servicio y altruismo al lavarle los pies a sus Apóstoles y entregándose por completo en esa Santa Cena a cada uno, dándoles de comer ese pan y ese vino a tomar, que dijo que recibiéramos porque son su sangre y su carne que entregaría en la Cruz a su Padre, para el perdón de nuestras miserias y pecados, porque su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida que a comerla y beberla nos promete que Él mismo vivirá en cada uno dándonos Su Vida, Su Amor, Su Alegría, Su Altruismo y así nos transforma en Hijos de Su Padre y nos ofrece a Él. Si me cierro a Él, caigo en un egocentrismo que me puede llevar a la negrura total, pues sólo Él es la Luz del Padre que se entrega por Amor a cada uno que se abre hacia el Hijo.

Por lo tanto, solo Jesús nos puede liberar de esas ataduras al yo, que me harían convertirme en un Agujero negro. Porque Jesús es apertura, entrega, misericordia, comprensión, todo lo contrario a un hoyo negro.

LA ORACION, es el mejor instrumento que el Señor nos enseñó para poder salir de uno mismo. Hay varios tipos de oración, que nos hacen relacionarnos con el Señor :

Oración de : petición, de perdón, de silencio, de contemplación, de acción de gracias y de alabanza. Esta última, la de alabanza es la que más nos hace olvidarnos de uno mismo para hablarle a Dios en forma de admiración, por lo que Él es, por lo que significa Su Nombre, por ser el UNICO SER TODOPODEROSO, Y CREADOR de todo lo que existe, y no por lo que soy yo o tengo, o me falta, por eso, me hace salir de mi centro (hoyo negro) para poner al Señor UNO Y TRINO como centro de mi VIDA.

Entender que sólo Él, Es, y que nosotros los seres humanos, somos sólo eslabones en una larga cadena, de la cual yo formo una parte y como un eslabón debe permanecer unido a los otros para transmitir Fe y Amor.

2.- Estar siempre con las puertas abiertas del corazón.

Como signo de los tiempos, en París, después del Domingo de Ramos, se incendió por completo la Catedral de Notre Dame, templo considerado como símbolo de la Fe Cristiana de Europa. Esto, motivó a miles de personas a juntarse en las cercanías del Templo en llamas para orar juntos y al unísono a Nuestra Señora, con el corazón triste pero esperanzado. Entre ellos, había una cantidad muy grande de jóvenes que cantaban unidos en la Fe como un símbolo más de esperanza, en este mundo actual donde se pensaba que la juventud estaba alejada de la Iglesia y de la Fe.

Los bomberos también vieron símbolos que jamás olvidarán, pues al abrir las puertas de la catedral, con mucho susto por las llamas, el humo y los escombros que caían, hicieron que entrara la luz del sol y el aire que disipó el humo, y al ventilar ese ambiente tóxico pudieron entrar y ahí como signo milagroso, lo primero que vieron y les llamó la atención fue la cruz brillante del Altar que reflejaba la luz del sol de la entrada. Como una primicia de la Luz de Cristo de esta Pascua que se avecinaba.

Una cruz llena de luz como un triunfo de la Oración y Esperanza de todos los que llorando rodeaban el templo. Un anticipo de la Cruz Gloriosa y de la Resurrección.

Abrir las puertas, es abrirle el corazón a la esperanza, a la fe, a la luz de Cristo. Las puertas son simbólicas : “Mira que estoy a tu puerta y llamo, dice el Señor” (apocalipsis) “ Si me abres, cenaré contigo y tú conmigo”.

Y recordemos qué pasó en el sepulcro, que fue cerrado, dejando el cuerpo inerte de Jesús dentro: ¡Para Gloria de Dios, Jesús, al resucitar, abrió la pesada piedra que tapaba la boca del sepulcro, y la oscuridad de ese Viernes Santo se llenó de Aire y Luz.

Porque permanecer encerrados, es oscuridad y muerte, pues se asfixia uno mismo, y debemos liberarnos de esa muerte en vida, pero solos no podemos, sólo Jesús Resucitado es capaz de liberarnos. Así como libró a sus Apóstoles en cada aparición, liberándolos con sus preguntas de toda culpa y atadura.

Pedro le abrió el corazón a Jesucristo: ¡Tú sabes todo! ¡Tú sabes que te quiero!

3.- La Comunidad

Es decir, la cercanía con las personas nos hacen salir de uno mismo, pues, en comunidad podemos dialogar y escuchar al otro; esto nos ayuda a sensibilizar con las alegrías y penas de los demás. Nos hace ser personas abiertas para acudir en ayuda de … y por eso nos proporciona una alegría distinta, que da la vida nueva al corazón, porque vivir para convivir compartiendo con los demás, es la razón para lo cual fuimos creados por Dios, y así como Él me ama y me transmite Su Amor, así mi deber misionero es entregar con alegría ese amor al prójimo.

Si una comunidad se quiebra, es porque algo les faltó. Podría ser que no había apertura y confianza para el diálogo entre los miembros y esto sucede porque les faltó el AMOR, que es lo que une a las personas. Y Jesús dijo claramente : “Cuando dos o más personas se unen en “mi nombre”, Yo estaré en medio de ellas”.

Jesús, formó una linda comunidad junto a sus Apóstoles y discípulos donde habían varias mujeres y entre ellas, María, su Madre.

Las Comunidades, para permanecer, deben ser abiertas para recibir a nuevos integrantes y no temer a lo nuevo por el contrario, los apóstoles, después de la muerte de Jesús estaban muy asustados y además avergonzados de haberle fallado a su amigo y se encerraron bajo llave para que nadie los encontrara.

Pero Jesús que conoce el corazón de cada uno de ellos sabiendo que se encerraron en sí mismos sin hablarse siquiera, de pena por lo sucedido y por haberle fallado. Entró en ese Cenáculo, viciado, estando las puertas cerradas y les devolvió la Paz y al sentirse amados y perdonados, pudieron salir con fuerza nuevamente sobre todo después de Pentecostés.

¡ La Paz sea con ustedes, toquen mis llagas!

¡Esto es real, YO SOY!

¡ Entréguenme sus debilidades y miserias, que las mantienen encerrados en sí mismos!

Yo, ya los liberé, fueron sus faltas y las del mundo las que cargue sobre mis espaldas para que fueran perdonados por mi Padre que me envió justamente a esto!

Y nosotros, tal como sucedió con los apóstoles, tendemos a esconder nuestras llagas, miserias y debilidades, para que nadie las conozca. Pero, al abrirle las puertas a Cristo, que nos conoce bien por dentro, Él nos dará la paz que necesitamos porque nos sopla su aliento de vida y con su luz nos ilumina y nos ordena el interior liberándonos del falso orgullo, haciéndonos más humildes y que nos amemos a pesar de nuestros pecados.

Podríamos resumir en tres frases  el poder salir del encierro :

1.- RECONOCER con el Señor en Oración, mis debilidades

2.- Orar para que me ALEGRE, cuando alguien se da cuenta de una falla y me la dice con amor fraterno.

3.- Alegrarse de poder confiar y hablar de mis fortalezas y debilidades, abriéndome al amigo, al esposo, a los hijos. Sólo así me tratarán como persona amada y confiable.

Todo esto es posible si se unen con el Señor en comunidades donde no se trate de sacar los trapos al sol, sino, abrir las puertas del corazón con confianza y humildad, respetando a cada uno de los integrantes que somos personas únicas e irrepetibles y no estamos hechas en serie, como para pensar igual y estar todas de acuerdo en todo.

Como también, en toda familia y comunidad hay personas que son cerradas y no participan en el diálogo pero hay que admirarlas porque es que “escuchan más”.

Lo principal es la permanencia en el amor de Jesús para transmitir su Amor y así no le fallaremos, no nos agotaremos en el camino, pase lo que pase y aunque fallemos Él nos comprende y nos hará comprender al otro para no quedarme estancada en el encierro de la soledad y oscuridad que nos destruye.

 

PREGUNTAS DE TRABAJO PERSONAL :

1.- ¿       Qué dimensiones de la oscuridad de nuestra condición humana me perturban, me duelen, me cuestionan?

2.- ¿Qué signos de vida veo a mi alrededor, que me confirman que Dios es capaz de transformar el mal en un bien, sacando vida de la muerte e iluminando la oscuridad?

3.- ¿Qué realidades personales o estructurales necesito hoy mirar y aceptar desde la perspectiva del amor y del perdón (realidades que rechazo, enjuicio, condeno, margino, niego, rehuyo…)? ¿qué nuevo paso puedo dar para acogerlas o, al menos, iniciar un camino de integración?

 

Lectio Divina :

Jn 12, 44-50

Jn 6, 30-35

Jn 8, 12-20

Lc 18, 9-14

Mc 12, 28b-34

Mt 5, 43-48