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El Olivo, el Laurel y La Rosa

Fecha: 08/04/2019

El Olivo, el Laurel y la Rosa

Retiro Centro La Providencia

 

 

  1. El Olivo

“Árbol de tronco corto, grueso y torcido, corteza lisa de color gris, copa ancha y ramosa, hojas perennes y opuestas, de color verde oscuro por el haz y gris plateado por el envés, flores pequeñas, blancas y agrupadas en racimos y fruto (oliva o aceituna) en forma de drupa carnosa y aceitosa de la que se extrae el aceite de oliva; puede alcanzar hasta 10 m de altura”.

 

sinónimos:

oliva, olivera

 

El Olivo es un árbol considerado sagrado en muchas religiones y culturas. Posee (así como su fruto, la aceituna u oliva, y el aceite de ésta) una simbología sumamente amplia.

Para los antiguos hebreos, el aceite de oliva era un símbolo de Bendición Divina; por esta razón, ungían a sus reyes con este aceite; además, se utilizaba en otras ceremonias de consagración (y se sigue utilizando con esta finalidad en varias religiones y ritos).

Para los cristianos, el Olivo es un árbol emblemático, pues Jesús solía reunirse y orar con sus discípulos en un lugar mencionado en los Evangelios como Getsemaní, ubicado en “El Monte de los Olivos”. La palabra “Getsemaní” proviene del arameo Gath-Smane, que significa “prensa de aceite”. Se cuenta en los Evangelios que ahí oró Jesús justo antes de ser capturado.

Para los musulmanes, el Olivo y su aceite están relacionados alegóricamente con la Luz de Dios que guía a los seres humanos; de hecho, se lo menciona de manera muy elogiosa en el Corán en un “sura” (capítulo) llamado “La Luz”.

El aceite de oliva es un símbolo de sanación, pues siempre se le consideró poseedor de propiedades medicinales, muchas de las cuales han sido confirmadas en la actualidad; por ejemplo, hoy se sabe que su consumo es beneficioso para el corazón y para el sistema digestivo, reduce el colesterol perjudicial, fortalece el sistema inmunológico, es rico en antioxidantes y vitamina E, además de poseer propiedades antiinflamatorias.

El Olivo es símbolo de longevidad, pues son árboles que suelen vivir muchos años; es asimismo símbolo de resistencia y renovación, ya que puede resistir condiciones adversas y luego reverdecer; además, simboliza la prosperidad y la fertilidad por su abundancia de flores y frutos.

Según la mitología egipcia, la diosa Isis dio este árbol a los seres humanos y les transmitió el procedimiento de extracción del aceite de oliva.

En la antigua Grecia, la rama de olivo representaba la victoria; una corona hecha con ramas de olivo se otorgaba como premio a los vencedores de los Juegos Olímpicos. Además, el olivo simbolizaba la sabiduría, pues estaba consagrado a Atenea (diosa de la sabiduría) que, según la mitología griega, “creó” el Olivo dando un golpe al suelo con su lanza y haciéndolo brotar de éste. Como señal de agradecimiento, los helenos llamaron Atenas a su capital.

Según una antigua creencia, una rama de olivo colocada en la puerta principal de la casa no permite la entrada de “malos espíritus” y, en general, el Olivo era utilizado para ahuyentar las “malas vibras”.

Según el relato bíblico, Noé envió una paloma después del Diluvio para saber si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la Tierra; al regresar la paloma con una rama de olivo en el pico, entendió Noé que las aguas se habían retirado completamente y la paz había sido restablecida.

La paloma con una rama de olivo en el pico es el símbolo mundial de la paz.

 

Tradiciones:

El olivo se ha utilizado tradicionalmente en ritos y ceremonias por la simbología que encierra.

Los antiguos navegantes se protegían de las iras de Poseidón colocando una rama de olivo entre las manos de su dios tutelar.

En Grecia, cuando nacía un niño, se colocaba una rama de olivo encima de la puerta, si era varón.

El día de los esponsales se adornaban las casas del novio y de la novia con guirnaldas de olivo y laurel.

Durante las ceremonias funerarias, se utilizaban ramas de olivo humedecidas en agua purificada y se ofrecían libaciones de aceite y vino a la persona muerta.

Esta creencia en los poderes mítico-mágicos del olivo y su simbolismo religioso ha trascendido hasta la actualidad.

Los venecianos, por ejemplo, dicen que una rama de olivo puesta en la chimenea, aleja el rayo en las tormentas.

En toda Italia hay una creencia que asegura que una rama de olivo situada en la puerta de la casa no deja entrar a brujas y demonios.

En España, los ramos bendecidos del Domingo de Pasión (Domingo de Ramos) se siguen colocando en muchas ventanas y balcones de las casas.

En los países del Magreb el olivo se considera sagrado porque creen que el nombre de Alá está escrito en sus hojas.

 

Mitología y simbología del aceite:

El aceite de oliva comparte con el olivo los atributos simbólicos, mágicos, míticos y sagrados.

En la medida en que el hombre perfeccionó las técnicas de cultivo del olivo y la elaboración del aceite de oliva, aquilató sus valores y lo convirtió en símbolo de virtudes y cualidades supremas. Virtud significaba en la antigüedad, fuerza, poder, eficacia de una cosa.

El aceite tiene unas propiedades reales: nutre, suaviza, impregna, permanece, conserva, aromatiza y es portador de aromas, impermeabiliza, brilla, es portador de luz y calor, calma y pacifica, lubrifica, depura y limpia. A partir de estas propiedades se le hizo símbolo de sabiduría, de luz, de inteligencia, de paz, bienestar, suavidad y luz interior.

Estas asociaciones se fueron generando a lo largo de la vida cotidiana en esos pueblos mediterráneos que cultivaban con arados curados con aceite, que trabajaban con cueros suavizados con él, que hilaban con fibras aceitadas para impermeabilizarlas, que ungían sus cuerpos con él para protegerse y que lo empleaban en sus lámparas rústicas o suntuosas para iluminar sus casas o sus templos.

También es muy primitivo para el aceite el símbolo de eternidad, por ser el que menos se enrancia y el que sirve para conservar en él otros alimentos.

Entre la población cretense, desde el Neolítico, las prácticas funerarias se destinaban a procurar a los muertos la supervivencia feliz en el más allá. Se depositaban en las tumbas alimentos, aceite, ungüentos y aceites para su cuidado físico, e incluso adornos para engalanarse, trajes y utensilios de trabajo.

Como los muertos y las simientes se encuentran hundidos bajo tierra, los ritos, los mitos y los símbolos asociaban las divinidades funerarias con las divinidades de la agricultura. El poder subterráneo era el protector común de los muertos y de las cosechas, y por eso recibía a flor de suelo las ofrendas de sus adoradores.

Entre los pueblos mediterráneos de Africa del Norte, el aceite era símbolo de fertilidad. Las mujeres vertían aceite en los altares de piedra próximos a los sembrados, cuando iban a arar los campos para propiciar las buenas cosechas por parte de los dioses. La tierra representaba el cuerpo de la mujer, fecundado por el aceite, fuerza untuosa y fertilizante. El hombre impregnaba con aceite los arados e instrumentos, antes de penetrar la tierra. Esta reverencia sagrada, dirigida a lo invisible, símbolo de la unión de los dos sexos, también significaba la dulzura de esta unión.

Es en los ritos de unción en donde el simbolismo es más profundo. Los reyes de Israel eran ungidos y el aceite les confería autoridad, poder y gloria por parte de Dios a quien se le reconocía como el verdadero autor de la unción. En le libro de Samuel y en el de Isaías se considera el aceite de la unción como símbolo del espíritu de Dios. El rey por excelencia era el Mesías, el ungido, trascripción de la palabra hebrea que en griego era el Cristo.

Jesús era el rey esperado pero, al no haber recibido la unción material del aceite, le fue otorgada plenamente a través del Espíritu Santo que lo simbolizaba.

Como el cristianismo primitivo establecía una relación inmediata entre el don del Espíritu y el Bautismo, enseguida se instauró el rito bautismal de unción del aceite.

De esta manera también está presente en el cristianismo, en el Alfa que es el nacimiento y el Omega, en el final de la vida en los ritos mortuorios. Sacramentos de regeneración y símbolo de iniciación y de consumación de los combates sagrados, después de haber librado el último.

No sólo la Iglesia católica hace uso del aceite de oliva en sus ceremonias y ritos. En la masonería lo emplean en la consagración y dedicatoria de las Logias, en el banquete de los hermanos y en ciertas iniciaciones.

 

Texto bíblico: Lucas 22:39-46 

Jesús ora en el monte de los Olivos

39 Jesús salió de la ciudad y, como de costumbre, se dirigió al monte de los Olivos, y sus discípulos lo siguieron. 40 Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación». 41 Entonces se separó de ellos a una buena distancia,[a] se arrodilló y empezó a orar: 42 «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo;[b] pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya». 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. 44 Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra.[c]

45 Cuando terminó de orar y volvió a los discípulos, los encontró dormidos, agotados por la tristeza. 46 «¿Por qué están durmiendo? —les exhortó— Levántense y oren para que no caigan en tentación».

 

 

Algunos puntos de meditación:

La sanación y la necesidad de sanación es una experiencia que hacemos todos.

Lo simbólico del Monte de los Olivos es la experiencia de la tentación,  referida al momento de fragilidad y debilidad; en este caso Jesús está ante el escenario de la pasión , de su identificación con el ser humano y los dolores humanos hasta las últimas consecuencias. Getsemaní significa “prensa de aceite”, en este lugar Jesús sudó incluso sangre, expresando en ese simbolismo el temor y la angustia extremos.

La tentación está en cortar el vínculo con Dios su Padre, en huir o desechar el cáliz. La fuerza en el momento de la tentación no es no tenerla, sino en vivirla de cara a Dios.

Jesús nunca rompe el vínculo con Dios: el momento es de una densidad inmensa, pero no deja de dialogar con Dios, su Padre. Ese vínculo mantenido incluso angustiosamente, permite creer, esperar, dar el sí. Permite que sólo Dios sostenga cuando humanamente desfallecemos.

Nuestros momentos de angustia, incertidumbre y dolor pueden ser caminos para un encuentro más profundo con el Dios de la Vida y de nuestras vidas. El desafío es vivir la tentación en todas sus formas (huir, compensar, culpar, derrumbarse, encerrarse en sí mismo, perder la esperanza), pero sin cortar el vinculo, vivirla de cara a Dios. No hay nada que escape a su mirada, el dará la fuerza y también la paciencia para superarla o asumirla como camino de crecimiento.

 

 

Preguntas para el trabajo personal:

¿Qué experiencia de sanación (personal o que he acompañado), ha ido especialmente valiosa para mí? ¿qué me ayudó a encontrarme con Jesús en medio de la incertidumbre, el temor y el dolor de ese Getsemaní? ¿de qué manera esta experiencia ha iluminado mi relación con los demás, para ayudar a sanar a otros y dejarse ayudar por otros?

 

 

  1. El Laurel

 

Está relacionado con el simbolismo de la inmortalidad. Entre sus propiedades, protege contra el rayo.

Arbusto consagrado a Apolo, simboliza la inmortalidad conseguida por la victoria, por lo cual con sus ramas y hojas sirven se confeccionan las coronas que honran a los héroes, a los genios y a los sabios. En su condición de árbol apolíneo, significaba también las condiciones espirituales de la victoria, la sabiduría unida al heroísmo.

En Grecia, antes de profetizar, la Pitia y los adivinos mascaban o quemaban hojas de laurel, pues se estimaba que, al estar consagrado a Apolo, poseía cualidades adivinatorias.

 

Según cuenta la leyenda, Dafne, que en griego significa laurel, era hija del dios Peneo y había decidido no casarse nunca. Por esto no quiso corresponder a Apolo, que estaba enamorado de ella, por lo que huyó a las montañas. Sin embargo, el dios la siguió y antes de que fuera alcanzada le pidió a su padre que la transformara para escapar, por lo que la convirtió en laurel. Entonces, Apolo hizo del laurel su árbol sagrado y lo adoptó como su símbolo.

Según relata Ovidio en el poema “Las metamorfosis” Apolo pronunció estas palabras: «Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las gentes en señal de victoria».

En Roma, emperadores, guerreros, deportistas y poetas eran coronados con laurel para representar la victoria, el triunfo y la grandeza.

En China se dice que la Luna contiene un laurel y un Inmortal: al pie del laurel, la Liebre de la Luna tritura los elementos de los que extrae el elixir de la inmortalidad.

 

Pocas hierbas tienen tanta conexión con la mitología griega y romana como el laurel. Su simbología ha trascendido el tiempo y el espacio, hasta el punto de que actualmente esta hierba sigue siendo señal de fama, valor y grandeza alrededor del mundo.

 

El laurel es sinónimo de historia, de tradición, de grandeza. La razón es muy sencilla: en la antigüedad los romanos, en las festividades del dios Saturno, entregaban una corona de laurel a los hombres que se destacaban por su valor o por sus méritos los en deportes. Personajes importantes como Petrarca, el padre del humanismo, y Dante, poeta italiano, usaron esta corona como señal de engrandecimiento y fama. Esto con el tiempo se convirtió en un símbolo que incluso en la actualidad se recuerda pese a la antigüedad de la tradición. Una muestra de ello es el término laureado, que hace alusión a un honor. En los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 se retomó esta tradición y a los ganadores de las distintas disciplinas se les impuso una corona de laurel en la ceremonia como parte del premio.

 

 

  

Pero la relación de los griegos con el laurel, una hierba proveniente del sur de Europa y el norte de África, es mucho más amplia, se remonta a la mitología donde este árbol está consagrado a Apolo, dios de la sabiduría y el heroísmo. Cuenta la leyenda que este dios estaba enamorado de Dafne, una hermosa ninfa, pero que ella no le correspondía y decidió huir a las montañas. Apolo, al darse cuenta, decidió perseguirla, razón por la que la ninfa suplicó a su padre, el dios Peneo, que la transformara para así poder escapar de su enamorado. El padre la convirtió en un árbol de laurel que Apolo a su vez convirtió en su árbol sagrado del que tomó algunas ramas y se hizo una corona.

Tiempo después, Zeus mató de un rayo al hijo de Apolo por resucitar a los muertos, por lo que éste último asesinó con flechas a todos los cíclopes productores de rayos. De esta historia surge la idea de que el laurel es una especie de pararrayos y que poner algunas hojas de esta planta en las entradas de las casas, es símbolo de protección para que las tormentas no hagan daño. En algunos países el laurel se siembra en los hogares para llamar a la fortuna.

En el País Vasco, cuando una familia está pasando por una desgracia se emplea la expresión: "esta casa no tiene laurel". Esta creencia se remonta a Roma donde la historia cuenta que Júpiter envió un águila que dejó caer en los brazos de Drusilla una gallina blanca en cuyo pico llevaba una ramita de laurel con muchos frutos. Éstos se regaron y se multiplica¬ron abundantemente, razón por la que se cree que el lugar que goza de una planta de laurel está destinado a la prosperidad.

En Europa el laurel es más que un ingrediente de cocina o un remedio natural  contra ciertas afecciones del cuerpo; en muchos países de ese continente se planta en jardines ornamentales y se le da formas originales.

Otra    creencia    respecto al laurel tiene que ver con las artes de la adivinación. En Grecia, pitonisas y adivinadores lo mascaban antes de iniciar sus ceremonias para que les aumentara la conciencia psíquica. 

Más tarde, en el siglo XIX, la tradición de los pastores romanos de repartir hojas de laurel en su camino en señal de paz y prosperidad, se trasladó a la costumbre de meter una hoja de esta hierba en las cartas que contenían buenos deseos.

En la tradición cristiana el laurel se usa para adornar la cruz y celebrar el 3 de mayo el Día de de la Santa Cruz, una tradición que aún está vigente en muchos países de Centro y Sur América.

 

Texto bíblico: Juan 20:11-18 

Jesús se aparece a María Magdalena

11” María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó para mirar dentro, 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús; uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Los ángeles le preguntaron:

—Mujer, ¿por qué lloras?

Ella les dijo:

—Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.

14 Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. 15 Jesús le preguntó:

—Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:

—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.

16 Jesús entonces le dijo:

—¡María!

Ella se volvió y le dijo en hebreo:

—¡Rabuni! (que quiere decir: «Maestro»).

17 Jesús le dijo:

—No me retengas, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes.

18 Entonces María Magdalena fue y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también les contó lo que él le había dicho”.

 

Algunas reflexiones:

El laurel expresa la victoria y la vida de Jesús, especialmente el acontecimiento pascual, el gran signo de la victoria del Amor por sobre todas las cosas. A veces pensamos o hemos trasmitido una visión parcial de la Pascua, pensamos en la victoria sobre el pecado, lo que es real y verdadero. Pero, la gran motivación de Jesús es la victoria del Amor por sobre todas las cosas. Es el amor el que vence, la fuerza de un amor que, en el despojo de sí, va acogiendo incluso al pecador, al enemigo y al distante. El Amor está en el centro del encuentro de Dios con la Familia humana, eso explica todo, incluso el camino de acoger y perdonar al que me ha dañado.

Necesitamos como el laurel y su aroma, oler el aroma pascual en todo y en todos. No nos quedemos pegados en las miserias, en el pus y las cloacas de la humanidad, desarrollemos el órgano para oler la Pascua, los signos del amor en todo y en todos.

 

Preguntas para el trabajo personal:

¿Qué experiencias pascuales han iluminado mi camino de fe? A la luz de esas experiencias, ¿qué es para mí la Pascua, qué rasgos concretos tiene?  ¿Soy una persona pascual, que vive y trasmite esa certeza? ¿qué rincones de mi corazón, necesito todavía iluminar por la Pascua?

 

  1. La Rosa

 

La rosa es casi un emblema del mundo occidental. Culturas antiguas, creencias, religiones e ideologías han utilizado su imagen. Símbolo de la belleza, del amor y de la felicidad, se impuso sobre la flor del loto egipcio o el narciso griego y, pese a haber evolucionado con innumerables variantes, eso no ha impedido que haya mantenido la fuerza original de su simbología. “La belleza de sus pétalos y el olor siguen sigue siendo lo más valorado”.
 

La rosa es una flor ya citada en la Biblia y cultivada desde tiempos muy antiguos. Probablemente, proviene del norte de Persia, del entorno del mar Caspio o del golfo Pérsico, desde donde se extendió, a través de Mesopotamia, a Palestina, Asia Menor y Grecia. En Roma, las rosas rojas se consagraban a Venus y la fiesta de las rosas, las Rosalías, formaban parte de las ceremonias ligadas al culto de los muertos.
 

Con o sin espinas. Y el mundo cristiano encontró aquí un filón. Los primeros cristianos identificaron los cinco pétalos de la rosa con las cinco llagas de Cristo y la flor con espinas fue la imagen de tormento de los mártires.

La flor se asocia sobre todo a la virgen. Y es esa tradición lo que explica que el tema de la Madona con rosas se repitiera como un rosario: virgen con rosas en la mano, sentada sobre lecho de rosas, delante de un rosal.
 

Copa, sangre. “La rosa es, en la iconografía cristiana, bien la copa que recoge la sangre de Cristo, bien la transformación de esta sangre o el símbolo de las llagas de Cristo”. De hecho, existen abundantes testimonios iconográficos de ello. En un hierro del siglo XII destinado a guardar hostias consagradas, se ve la sangre de las llagas del Crucificado cayendo en gotitas que se transforman en rosas, mientras que en el vitral del siglo XIII de la catedral de Angers la sangre divina fluye en arroyuelos y se expande también en forma de rosas. Y es el símbolo de la copa. De hecho, la flor evoca un receptáculo. ¿No hablamos del cáliz de una flor?

Dante situó su “rosa cándida” en el último círculo del Paraíso.
 

Rosa mística. La rosa es símbolo de poderío, de instrucciones espirituales pero también de regeneración, resurrección e inmortalidad. El rosetón gótico y la rosa de los vientos muestran claramente el paso de la simbología de la rosa a la de la rueda. Y es símbolo de éxtasis o de renacimiento místico. Sobre el campo de batalla y su épica literaria, crecen rosales y escaramujos (su pequeño fruto), y rosas y anémonas.

Rosa mítica. El culto a la rosa tiene profundas raíces. Esta flor era para los griegos blanca, pero cambiará de color por las vicisitudes de Adonis y Afrodita, cuyo amor despertó los celos de Ares. Adonis se fue a cazar y fue herido de muerte en una enrevesada acción de los celos mientras en escena acude tarde Afrodita, que, al correr hacia su amante, se pincha con una espina, de forma que la sangre tinta los rosales. Otra versión señala que, una vez que Afrodita recoge el cadáver de su amante y lo lleva hasta el palacio, por el camino va manando sangre de la herida de forma que los setos de rosas a un lado y otro del camino quedan teñidos con la sangre de Adonis. Y, desde entonces, todas las rosas son rojas en esa isla. Palabra de leyenda.
Sigilo, secreto. La rosa también ha sido el símbolo de sigilo o el secreto, y muchos han querido ver en las intrincadas hojas de su flor, que no deja ver su interior, un símbolo de lo que no debe ser transmitido.

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En la edad media, el día de Sant Jordi, la sociedad catalana no sólo veneraba al Santo en el altar, sino que también en fiestas profanas, justas caballerescas y torneos, organizados por el estamento militar de la nobleza catalana. Eran fiestas en homenaje a un caballero, cuya imagen estaba ligada a la leyenda de su lucha contra el dragón y su gesta al salvar a la princesa. La leyenda contaba que de la sangre vertida por la fiera brotó un rosal de rosas rojas, y que de él ge cogió una para regalársela a la princesa como prueba de amor. Y fue a partir de estas fiestas cuando surgió la costumbre de que el caballero obsequia a su dama con la rosa roja, símbolo de la pasión.
 

 

Texto Bíblico: Juan 19:25-27 

25 “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.

 

Algunas reflexiones:

La rosa simboliza a María y una actitud fundamental para el cristiano: el permanecer, aún en el dolor, siempre permanecer. La fuerza para permanecer viene de Dios, pero de un Dios muy concreto en nuestras vidas, que nos hace desarrollar ese órgano pascual. Como María, tomar la iniciativa y buscar la Pascua, colaborar para que haya Pascua, ser agentes pascuales. Permanecer y colaborar.

 

 

Preguntas para el trabajo personal:

 

En mi servicio a la vida confiada ¿he crecido en libertad, generosidad e incondicionalidad? ¿qué espacios hoy me pide Dios que sirva y acompañe?