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“¡SEMBRAR LA PAZ A GOLPE DE PROXIMIDAD!”

Fecha: 15/03/2018

“¡SEMBRAR LA PAZ A GOLPE DE PROXIMIDAD!”

 

Palabras del papa Francisco que tocan el alma de nuestra don y misión.

 

Las actitudes, gestos y palabras de Jesús: del seno de la Trinidad al seno de la humanidad; del espacio seguro y cómodo al espacio incierto del camino; de la estructura y la norma al proceso de vida; del poder y el control al riesgo de la vulnerabilidad; de los vínculos seguros y cercanos a la audacia de la universalidad; de la exclusión y la perfección al desafío del encuentro.

 

En el centro de la proximidad está el tú, el prójimo.

 

  1. ¿Qué supone la proximidad?

Conocimiento/interés.

Comunión/encuentro.

Complementariedad/relación.

No es:

Confrontación/marginación.

Confusión/invisibilidad.

Condicionamiento/exigencia.

 

 

Apela al alma femenina:

Intimidad/conectarse.

Maternidad/involucrarse.

Sensibilidad/compadecerse.

 

Responde a los desafíos del tiempo:

La inseguridad de la iglesia.

La competitividad del feminismo unilateral.

La complejidad cultural.

Estos desafíos nos llevan a desconfiar y a defendernos.

 

  1. ¿Qué hace posible la proximidad?

 

2.1 Salir de sí mismo, es decir, abrirse al otro como don y complemento; acercarse,   tomar la iniciativa, escuchar y dialogar. Reconocer que no somos ni omnipotentes, ni omnisapientes ni omnipresentes, que nos necesitamos para una mirada más completa y plena de nosotros mismos y de la vida. Esto supone un gesto de humildad muy grande.

 

2.2 Sanarse a sí mismo, es decir, abrirse a un camino de sanación y reconciliación si es necesario, de reconocer heridas o límites que impiden abrirse a los demás con gratitud y libertad. Elaborar las relaciones tocadas por la competitividad, la comparación o la confrontación. Percibir actitudes defensivas que nos hacen caminar por la vida levantando muros de distancia, exigiendo prerrogativas o derechos, haciéndonos dependientes en nuestras exigencias o carencias, o huir de lo que no asumimos, no integramos ni aceptamos. Reconocer que todos somos vulnerables y necesitamos sanar.

 

  1. Arriesgarse a sí mismo: cultivar una actitud abierta ante la realidad con toda su belleza y complejidad, rompiendo el círculo seguro y cómodo, o los prejuicios heredados o adquiridos, reconociendo dependencias o exigencias, estrecheces o indiferencias. Abrirse a la novedad y al riesgo de lo incierto. Aceptar que la realidad es mucho más diversa, interesante, compleja, viva que nuestras seguridades y certezas.

 

  1. Donarse a sí mismos: la apertura al otro, la superación o complemento del yo, donándose a sí mismo, es la consecuencia de una actitud receptiva y confiada frente a la vida que permite la proximidad. Esa confianza que es fruto de una auténtica madurez: dejarse conducir y abrirse a la conducción de Dios a través de las vivencias y los procesos de vida, y no desde nuestras seguridades. Podríamos afirmar que la única certeza es que Dios conduce “a golpe de proximidad”.

 

  1. Proximidad en tres niveles:

 

3.1 Proximidad con la realidad, arriesgándonos y abriéndonos a nuevos desafíos, procesos y etapas, especialmente a los cambios. Este abrirse lleva a un permanente ejercitarse en el ejercicio de aproximarse y a un desarrollo de la propia persona y personalidad.

3.2 Proximidad con nosotros mismos: entrar en diálogo con nuestras emociones, nuestros anhelos y desafíos, nuestros límites y posibilidades, nuestras fortalezas y debilidades, nuestras heridas y carencias, nuestra historia y nuestra originalidad. El ejercicio de un adecuado dominio y entrega de sí, a través del conocimiento y aceptación de sí mismo.

3.3 Proximidad con quienes nos rodean: abrirse a la alteridad, reconociendo la posibilidad de conocimiento, de complemento y enriquecimiento en la proximidad con los demás (el estar en, con, para y por el otro). La apertura al otro no nos disminuye o amenaza, más bien nos desafía y renueva en la actualización y actualidad de nuestro ser y misión, a partir de la confrontación y complemento con la realidad.

 

 

  1. Presupuesto para la proximidad: reposo o anclaje desde el cual salir al encuentro del otro y que permite vivir la proximidad sin autodestrucción sin confusión ni agotamiento y sin el vértigo ante una realidad que cambia siempre (nuestro vínculo con Dios, la Mater, nuestro mundo religioso, nuestros vínculos personales).

 

Algunas preguntas:

 

  1. ¿Qué me ayuda a aproximarme a la realidad del otro, qué lo dificulta?
  2. ¿Qué experiencias de proximidad atesoro en la perspectiva de proximidad recibida y proximidad dada?
  3. ¿Qué espacios y personas percibo concretamente hoy como desafíos de proximidad?

 

 

 

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