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CANTAR Y CAMINAR A BEL√ČN

Fecha: 06/12/2017

Horario:

CANTAR Y CAMINAR A BELÉN

 

I.

En el Adviento estamos llamados a mirar hacia Belén.

Con el Adviento comenzamos el Año litúrgico. La Iglesia nos invita a levantar la mirada de nuestras preocupaciones y ocupaciones de fin de año para mirar hacia el horizonte y ponerla en Belén. Durante los días que vienen nos iremos acercando a la gran fiesta solemne del nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros, el Emmanuel. El Verbo, siendo Dios y, por quien y para quien todo fue creado, se hizo carne en las entrañas de María y como una guaguita nace en una gruta en las afueras de Belén. La invitación es cada día estar en camina hacia Belén.

 

Las grandes fiestas comienzan a celebrarse con los preparativos.

Si bien faltas varias semanas, las fiestas importantes comienza ya con los preparativos: un matrimonio, el nacimiento de un hijo, una graduación, etc. Estos preparativos expresan cuán importante es la fiesta que celebraremos. Los festejos de un gran acontecimiento no se improvisan, sino que se preparan.

Quisiéramos probablemente que para vivir el Adviento y prepararse para esta gran fiesta el 24 de diciembre en la noche nos fuéramos a  un lugar silencioso y tranquilo, como un monasterio, para pensar en Dios.  Pero nuestra realidad no es así. Tampoco fue así para José y María.

 

II. Actitudes que nos ponen en movimiento hacia Belén:

1. La primera actitud para caminar hacia Belén es la humildad. Ella nos hace encaramarnos al “burrito de María” guiado por San José para irnos con ellos a Belén.

a) Reconocer que nos cuesta levantar la mirada. Para caminar a Belén es necesario reconocer cuánto nos cuesta levantar la mirada del ajetreo y agitación de fin de año. Hay cosas que llevamos en el corazón que no hemos elaborado y nos meten ruido: penas, preocupaciones que agobian, amenazas por incertidumbre, miedo, cansancio, tareas que realizar, etc. Subirse al “Burrito de María”es reconocer con toda humildad que por mi mismo no puedo ir a Belén. Necesito que me lleven, esta “cabra”que soy “tira pa'otro monte”, y no hacia Belén. Subirme al “Burrito de la humildad” es mirar a María para como ella reconocer que no puedo por mi mismo ir a Belén, es Dios mismo quien me lleva,pero no sin mi colaboración. Ella se reconoce como pequeña, la que ante la grandeza de Dios no es nada, pero que Él le dio una gran misión, la eligió como madre de su Hijo. De su consciencia de misión surge la fuerza para ir a Belén. Así es, necesitamos ser fuertes para levantarnos cuando caemos en el camino a Belén, pues una y otra vez experimentaremos obstáculos que nos botan del “Burrito de la humildad”. Caer es parte del caminar. La experiencia de la propia fragilidad; esas luchas tanto interiores como exteriores, así como las tuvo María, son necesarias. Lo que importa es con humildad levantarme siempre de nuevo y volver a subirme al “Burrito de María”.

b) Seamos expertos en levantarnos de las caídas. No es grato caer, experimentar los propios límites y fragilidad. Quisiéramos que las incertidumbres no nos movieran el piso; nos gustaría tratar a todos con bondad, siendo amables; andar con una sonrisa en los labios y el corazón. Pero tantas veces no es así. Por eso hemos de ser unos “expertos”en no sorprendernos de como es nuestra realidad y, con facilidad, sin “rollos”, levantarnos, subirnos al “Burrito”y volver a mirar hacia Belén. Camino para llegar a la gran fiesta del nacimiento de Jesús con la humildad de reconocer que soy como soy y que vivo como vivo. Desde esa verdad es que busco caerme del Burrito cada vez menos. Pero no quiero que mis faltas me engañen e impidan caminar hacia Belén. Esa fiesta es mucho más importante que la experiencia de mis límites.  

c) Mirar a María para levantarme cuando caigo. No puedo olvidar para levantarme que María me espera en su “Burrito”para seguir camino, y que ella me mira con la bondad y el cariño que sólo una mamá pueden regalar. Miramos a María como la mujer, la creatura, más cercana a Dios de toda la historia. Ella está en la intimidad de la Trinidad, y es el rostro totalmente humano vuelto a los hombres del Dios todopoderoso. En su rostro María refleja toda la bondad y amabilidad de la misericordia que Dios tiene por nosotros que caemos. Contemplar la calidez amorosa del rostro de María ha de darme fuerzas para levantarme en mi camino y no cansarme de hacerlo. María entiende nuestra dificultad y tiene compasión de nosotros. Ella, quien encarna lo auténticamente humano, nos sube al “Burro de la humildad”para que sigamos yendo a Belén. La Virgen madre sabe que lo importante está en que no olvidemos hacia dónde nos dirigimos y levantarnos en esa dirección, ir hacia allá. 

Parte del camino es recurrir al sacramento de la Reconciliación. María me anima a limpiar el alma en este tiempo de Adviento. Ella sabe que el mejor don de su Hijo es el perdón y que para que lo recibiéramos Él dio su vida, lo dio todo. En el confesionario nos aguarda el “Burrito de la humildad”.

 

2. Segunda actitud para caminar hacia Belén: el respeto.

Estamos en un tiempo álgido para nuestro país. La segunda vuelta para elegir al futuro presidente de Chile está marcada entre otras cosas por la descalificación y el desprestigio del otro. Con cuánta facilidad se llega a extremos: uno es el todo y el otro es nada, uno blanco el otro negro, uno es el caos el otro es la gloria, etc. Con gran facilidad podemos adentrarnos en esa dinámica de odio, de la ruptura, del descarte. En esta situación de deshumanización miramos hacia Belén, vemos el rechazo que sufrieron José y María a punto de dar a luz. Ellos fueron descalificados, no fueron vistos sino desde los propios intereses, planes y espectativas. La Sagrada Familia fue rechazada y dejada en desamparo. Pareciera que aquellos habitantes de Belén perdieron todo rasgo mínimo de humanidad. Nadie comprendió lo que sucedía. Ninguno se dio cuenta de lo que en verdad estaba haciendo. Nadie pareció reaccionar ante lo mal del propio comportamiento.

La actitud con que respondió José y María fue muy diferente. Ante tal agresión ellos no entraron en la dinámica de la descalificación, del rumor, del chisme, del enjuiciamiento lapidario. En la Escritura está registrado su silencio ante tales actitudes. Ellos sólo siguen buscando albergue y cuando ya no encuentran salen y van a la periferia de la ciudad. En ningún momento encontramos en ellos una huella que no sea de respeto. El silencio de ambos, también entre ellos, es signo de un gran respeto frente a aquellos que los rechazan, los apartan. El silencio como arma de “defensa”ante tales agresiones es expresión de una gran fuerza interior. Este silencio no es morderse la lengua para no decir nada, sino que del amor que vive en el interior de José y María. Vemos el mismo comportamiento de Jesús cuando es llevado para ser crucificado. Su silencio es manifestación de su gran libertad y soberanía de sí mismo como de un amor que es más fuerte que toda ofensa y ultraje.

Así nosotros estamos llamados a vivir este tiempo político, como en toda relación humana – en la familia, el trabajo, en la Fundación-  desde la fe y por eso con el respeto que cada persona se merece. Y cuando se pierde el nivel humano de discusión es el silencio el mejor signo con el que queremos mantener el respeto por el otro más allá de él mismo. Mantenernos en el “Burrito de María”es permanecer en el respeto por el otro.

 

3. Tercera actitud para caminar hacia Belén: la solidaridad.

Algo que caracteriza fuertemente este tiempo son los regalos. Regalarle a quienes queremos es hermoso. Esto implica preocupación, dedicación, cariño. La Nochebuena será el momento propicio para regalarnos unos a otros como expresión de aprecio.

Mientras vamos de camino a Belén necesitamos mantenernos vigilantes, despiertos, atentos a ese Dios que viene, que se acerca a nosotros. Éste es el tiempo para regalar cada día. Estar atentos para sorprender a alguien con nuestro cariño. Estar despiertos para “darnos-cuenta”de la necesidad del otro y regalarle quizás nuestro tiempo, la escucha de corazón, la ayuda que necesita. Mantenernos en el “Burro de María”significa estar despiertos al otro, así como ella en las Bodas de Canaa. Basta que abra los ojos y veré dónde y a quién hago falta hoy para sorprenderlo con mi regalo que ante todo soy yo mismo.

A través de estas actitudes – la humildad, el respeto y la solidaridad – estaré preparando la más hermosa Nochebuena. Llegaré a Belén en el “Burrito de María”conducido por José y con un corazón humilde, respetuoso y solidario como el de ellos. Me habré asemejado a María y a José.

Desafíos para este Adviento:

1. Permanecer con la mirada puesta en Belén en la realidad como es.

2. Ante cada caída ser humilde y con facilidad volver a montarme al Burrito de María. Revisarme cómo ando con el respeto a los demás. Mirar para regalar-me cada día a alguien y ser así solidario.

Retiro Centro La Providencia – Santuario de Schoenstatt, Bellavista  Diciembre 2017 – P. Agustín Álvarez