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BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE DIOS

Fecha: 06/04/2017

Horario: 9:30 - 13:00 HRS

Bienaventurados los Pobres de Dios

 

Cuaresma : un tiempo y un camino de conversión.

 

Este camino comenzó un Miércoles de Ceniza y tendrá su cumbre en el Monte Gólgota donde Jesús morirá para llegas a su plenitud en su Resurrección. Domingo a Domingo hemos ido acompañando al Señor en su camino a Jerusalén. Fuimos con él al desierto de las tentaciones, subimos al esplendor del monte Tabor, nos sentamos con él junto al pozo de Jacob cuando llegó la samaritana, fuimos testigos de la curación del ciego de nacimiento y del signo más potente posible: la resurrección de la muerte. Junto con sus discípulos seguimos al Señor y él lo ha hecho todo para que creamos en él. Todo es por nuestra fe, para que creamos que él es verdaderamente el Hijo de Dios. Convertirse es dejarse transformar el corazón de piedra en un corazón de carne que diga con su vida: ¡Sí, Señor. Yo creo en Ti! Todo el camino de los discípulos recorrido con Jesus tiene como sentido decirle: Sí Señor, yo creo en Ti. Sabemos que eso no les fue fácil, que a pesar de vivir con él lo abandonan, niegan y traicionan.

La experiencia de estos amigos de Jesús es enfrentarse con la verdad de una gran pobreza. Al elegirlos a ellos como sus más cercanos Jesús elige a los pobres, a los débiles para construir su Iglesia. Y sí, es que el Señor tiene una predilección por los pobres.

 

Los preferidos de Jesús

En el camino de Jesús llama la atención ver quiénes son sus preferidos. El Señor tiene una “debilidad” por los pobres, los que sufren, los enfermos, la gente sin importancia. Sus milagros los hace a quienes sufren alguna dolencia, sus palabras las dirige en su mayoría a personas simples, sin educación. Incluso alaba a su Padre lleno de gozo porque les ha revelado “éstas cosas” a los humildes y pequeños y se las ha ocultado a los sabios. Este cariño por los pobres está presente en su historia personal.

Jesús es un pobre

Si miramos la historia de Jesús desde sus orígenes constatamos que está marcada por la pobreza: los padres de Jesús fueron gente sencilla, artesanos; su nacimiento ocurrió en una cueva de animales; quienes primero lo adoran eran simples pastores; al presentarlo en el templo sus padres ofrecieron la ofrenda de los pobres, dos pichones; fue un refugiado en Egipto; vivió 30 años como una persona común realizando trabajos de carpintería en un pueblo sis importancia; después en su vida pública vive de la limosna y no tenía dónde reclinar su cabeza; elige a personas en su mayoría sin educación; en el Gólgota le quitarán hasta su túnica; en la cruz morirá desnudo, y lo enterrarán unos extraños en un sepulcro que no le pertenecía.

Jesús ama a los pobres porque él es pobre; y nos muestra que Dios es pobre siendo Dios. San Pablo dice que Jesús: “Que no hizo alarde de su categoría de Dios y se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”.

 

Los pobres son los Bienaventurados

Jesús deja ver esta predilección por los pobres en su más hermoso discurso. Junto al lago de Galilea viendo a la multitud que le seguía y a sus discípulos subió al monte, se sentó y le dijo: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Cada Bienaventuranza del Sermón de la Montaña habla de distinto modo de los pobres: los dóciles, los que lloran, los hambrientos y sedientos, los perseguidos, los injuriados, etc. Y a tdos les hace en el fondo la misma promesa: el Reino de los Cielos.

¿Quiénes son esos pobres? ¿Es suficiente ser pobre para recibir el Reino?

No todos los pobres son Bienaventurados.

Cuando Jesús visita su pueblo de Nazaret sale de allí con un dolor en el alma. “No hizo allí muchos milagros a causa de su falta de fe” Mt 13,58. Habiendo allí muchos pobres no creyeron en Jesús.

Algo similar sucede con los fariseos y publicanos. Si bien ellos no son pobres materialmente sí lo son de alma, pues se niegan firmemente a reconocer a Jesús como el Mesías. Duro es con ellos, les llama: “raza de víboras” “sepulcros blanqueados, que por fuera se ven limpios, pero por dentro está la podredumbre”. Ellos son los más necesitados de Jesus, los más pobres de todos, pero no son los bienaventurados.

 

No basta con ser pobre.

Lo que hace que alguien sea pobre de Dios no es en primer lugar sus necesidades materiales, ni tampoco las del alma. Los pobres preferidos de Jesús son los que experimentan en su miseria una fuerte unión a Dios. El pobre experimenta que todo en su vida depende de Dios. El  siente que no tiene poder para cambiar la realidad. Todo lo espera de Dios. Para el pobre de Jesús la pobreza le hace permanecer en relación con su Dios. En su  pobreza gana una riqueza infinita.

 

“oh pobreza, fuente de riqueza, siémbranos alma de pobre”.

 

Es difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos

Para quien padece necesidades materiales puede vivenciar más patentemente que todo en su vida depende de Dios. En cambio para quién está satisfecho porque lo tiene todo, le puede ser más difícil experimentar esa dependencia. El rico puede tener la sensación de que todo lo puede, de ser autosuficiente, de nos necesitar de nadie y que todo se lo merece, y que a todo tiene derecho, aunque no sea más que vana ilusión.

En todo caso, también se acercan a Jesús personas ricas de la sociedad judía yque a la vez son humildes. E incluso le sirven con sus bienes.

 

El pobre todo lo agradece

El pobre de espíritu se experimenta enormemente necesitado de Dios, sabe que nada puede sin él. El pobre es un agradecido de corazón porque sabe que todo es un milagro, todo es recibido, todo se le ha dado. Para él todo es significativo, valioso. Y por ello habita en su corazón una alegría inexplicable, alegría que a veces no tiene quien todo lo tiene. Hay un sentido religiosos en el pobre del evangelio, pues su pobreza lo lleva a buscar siempre a Dios.

 

El poder del pobre está en su pobreza y en su fe

Los pobres que se acercan a Jesus son quienes han reconocido su necesidad y han creído en él. Así sucede con el Centurión romano, que siendo un hombre de poder se acerca a Jesús por una parte como un pobre que mendiga la salud para su querido empleado, y por otra parte con la enorme confianza de que una palabra suya bastará para sanarlo. Así sucede con todos los que experimentan un milagro: a miseria y la fe de un hombre remecen a Jesús, lo conmueven, lo atraen con fuerza; él no puede quedarse indiferente, y se hace prójimo de su hermano.

 

Pobre es quien vive en la verdad

Pobre de Dios es quien conoce su miseria y es eso lo que le abre a la misericordia. Quien entra en contacto con la propia fragilidad y se experimenta como lo que es, un necesitado, ése se abre de corazón a Dios. “Fórmula”: a mayor percepción, consciencia, de la propia pobreza, mayor apertura a la experiencia de Dios. Quien vive en la verdad de sí mismo sabe que nada puede por sí mismo, que es un mendigo, un pobre querido de Dios.

 

Llego a Jerusalén con mi pobreza y mi fe

Cómo llego a Semana Santa? Hemos acompañado al Señor recorriendo el camino de la conversión. Llegamos como lo que somos unos pobres de Dios porque conocemos mejor nuestra indigencia.

Llegamos con el corazón agradecido: si yo no fuera tan pobre, si no experimentara cuán necesitado soy de Jesús, si no hubiera extendido mi mano de mendigo hacia él, no estaría él conmigo y yo a su lado.

Cosa rara es esta, que llegue a la Semana Santa feliz de ser pobre. No puedo explicarlo, parece absurdo y es cierto: “Mi pobreza me ata a tu Presencia”.

Llegamos para estar con él acompañándolo junto a la cruz. Estaremos ahí de pie con su Madre María. En silencio como ella, pero totalmente presentes.

 

Llego más hijo, más necesitado y dependiente del Padre.

La experiencia de saberse pobre está acompañada con la de saberse amado, de ser hijo querido. La propia lucha por no reducirme yo mismo a mis miserias para verme hijo, es la misma lucha que doy por no reducir al otro a su miseria; así como yo, el es mucho más que su pobreza, es hijo amado.

 

Llego más hermano. La propia pobreza me regala una mirada nueva a los demás. Comprendo que todos somos pobres y que puedo relacionarme desde mi pobreza con ellos. Entonces hay una solidaridad con la pobreza del otro. Como yo, el otro es un pobre y como yo es amado enormemente por Dios. Quiero creer siempre en la bondad del otro y en que Dios le dio una misión así como él es.

 

Retiro Cuaresma – Centro La providencia – Santuario de Schoenstatt

Abril 2017

P. Agustín Alvarez Ch