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PREPARANDO MI MUERTE

Fecha: 06/10/2016

Horario: 9:30 -12:00 hrs

               PREPARANDO MI MUERTE

 

1-  Una cultura sin lugar para la muerte

 Si bien la muerte forma parte de la realidad de cada día a través de las noticias como           también de accidentes o enfermedades, nuestra sociedad oculta la muerte y el dolor. Es de mal gusto hablar sobre la muerte. Es algo que le ocurre a otros, no a mi. Es algo que sucederá un día y falta mucho. Pareciera que nadie quisiera vivir mirando esa verdad: un día moriré.

Los cementerios que hoy se construyen son parques hermosos en los que pareciera que nada habla del dolor de la parida, del desprendimiento de seres amados, de la herida que nos queda en el alma.

 

2- Lo único seguro: todos moriremos.

La realidad de la muerte ha hecho que el hombre desde la antigüedad se pregunte ¿qué pasa cuando morimos? ¿qué sentido tiene la muerte? ¿hay algo después de la muerte?. La pregunta sobre la muerte puede acusar no solo curiosidad, sino también miedo, inseguridad, rechazo. Junto a esta interrogante hay otras que ocupan siempre al ser humano: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? ¿qué sentido tiene la vida?, ¿quién soy?.  La vida es un gran misterio así como lo es la muerte Cada persona nace sin pedir vivir, y además aunque no quiera debe morir. Mientras, busca la felicidad y experimente que todo pasa. La única certeza que tiene todo hombre es que morirá. SI, todas las personas que conocemos algún día morirán, y yo también moriré. Y si bien sabemos que moriremos, vivimos al mismo tiempo como si no fuéramos a morir nunca. ¿Nos hace bien no pensar en la muerte?. Ciertamente no podemos vivir constantemente en que moriremos, porque nos enajenaríamos del presente, como tampoco hemos de vivir sin mirar nunca de frente la verdad: moriremos.

¿Cómo entendemos la muerte?

 

3-  La muerte la comprendemos desde Cristo: Puerta de la Vida.

La fe en Jesucristo nos da la respuesta a las grandes preguntas del ser humano. Desde la fe en EL ordenamos la realidad y podemos sobrellevar los grandes enigmas que permanecen sin respuesta. Jesús ha vencido la muerte con su resurrección, y con ella nos abrió el camino al Padre. Desde que Cristo murió y resucitó, el hombre sabe que la muerte no es el fin de la vida, sino la puerta que da a una vida plena. El nos mostró que la vida es un camino que va hacia el Padre. Jesús nos prepara una habitación en la Casa del Padre y cuando esté terminada vendrá a buscarnos. Así estaremos donde está El.

 

4- Hacer propia esa verdad:¡ yo voy a morir!

 San Francisco de Asís habló de "la hermana muerte". EL hizo de esa verdad objetiva de fe, su propia verdad. El pobre de Asís se hizo amigo de la muerte.

 Conmigo también esa verdad racional de fe ha de llegar a ser una verdad propia. Es decir que no solo con mi corazón, sino con mis afectos acoja esa verdad sin temor. Lo común es que pensar en la muerte cause miedo. Con la muerte comprendemos lo que nos dice la fe, pero ,los sentimientos se resisten a dar el "Sí" a la propia muerte. Se la ve como algo horroroso. San Francisco la beso como besó al leproso porque vio en ella el rostro de Dios.

¿Qué hace posible que mis afectos acojan la verdad de morir de tal modo que pueda decir sin miedo: "Si, yo moriré y resucitaré"? 

¿Cómo puedo vivir en paz sabiendo que a cada instante me acerco más a la muerte?

 Si he desarrollado una relación afectiva con Dios como mi Padre, que me ama entrañablemente; si he experimentado en la vida cómo El me regala cobijamiento, que me sostiene y no me suelta; si puedo sentirme su niño, su niña amada; entonces mi corazón se entrega en el abismo que es la muerte. De hecho las personas que han vivido así su fe al llegar el momento previo a partir son verdaderos "niños" que llaman a la mamá , al papá Dios. En ese momento de trance  son pequeños que se entregan en las manos de su Padre.

Quién tiene una relación afectiva , y no solo racional con Dios Padre puede puede confiar de verdad en sus sabios planes: "Yo no me preocupo de eso porque El ya lo ha previsto para mi". Solo una relación de amor puede hacer posible que me entregue a lo que El ha previsto, y desde ya acepto lo que disponga: Mi muerte puede ser como la de Jesús, lenta y dolorosa, o puede ser imprevista en cualquier lugar. La relación de amor con Dios me permite dar mi "Si" a sus planes, pues así el Padre lo ha considerado mejor.

Teresa del niño Jesús , después de una larga y dolorosa enfermedad, en su cama de moribunda en el momento inmediato a su muerte le dice a la Madre superiora: "Madre mía, ¿No es esto todavía la agonía?... ¿No voy a morir?...Si, pobrecita mía es la agonía; pero Dios quiere, tal vez, prolongarla durante algunas horas. ¡Pues bien!...¡Adelante!...¡Adelante!...¡Oh, no quisiera sufrir menos tiempo!...

Vemos la total entrega al plan de Dios en su muerte: solo importa lo que Dios ha dispuesto.

¿Qué provoca en mí pensar en mi muerte?

¿Tengo, cultivo una relación cariñosa con Dios Padre?

Pensando en mi muerte, ¿tengo confianza en Dios?

 

5-  Pensar en la muerte me ayuda a  vivir bien.

 La persona creyente que se prepara para su muerte es alguien que sabe vivir bien su vida. Por el contrario quien no le presta atención o esquiva la muerte, vive tratando de retener lo que inevitablemente perderá, pues todo pasa. Quien sabe que va a morir aprende a vivir de "otra manera" lo cotidiano de la vida.

a)  Vivir sabiendo que todo se acaba, lejos de deprimirme ha de impulsarme a gozar a concho lo que Dios me regala mientras lo tenga.

Luego el corazón se alegrara al haberlo vivido. Sabio es el dicho:" Lo comío y lo bailao no me lo quita nadie". Dios nos regala las alegrías que necesita el alma, y el amor a EL nos hace acoger y disfrutar todo lo que nos regala. El cristiano se alegra de lo que tiene y a la vez sabe renunciar a lo que tiene, pues sabe que nada es para siemprePorque puede en lo fugaz tocar lo eterno, es que la alegría vivida nadie puede quitársela. Por lo contrario, cuando no hay Dios la actitud es muy diferente, "Comamos y vivamos que mañana moriremos". El que goza sin límite está amarrado a lo transitorio, tratando de retener ese gozo , se pierde en él; no puede disfrutar lo que ha tenido, hay sólo amargura y vacío por todo lo perdido.

b)  Vivir sabiendo por qué o para qué vivo. La conciencia de que moriré me lleva a no buscar en lo fugaz el sentido de mi vida. La muerte me lleva a preguntarme ¿Qué busco realmente en esta vida? Tengo solo esta vida y he de saber bien a qué o a quien quiero entregársela. ¿Vivo para: cuidar mi casa? para viajar? para dar talleres? para cuidar los hijos? al marido?...

c) Vivir sabiendo bien lo único que me preocupa. Cuando sabemos lo que nos preocupa de verdad sabemos qué es lo que llena la vida y el corazón. El que sabe que morirá conoce la fugacidad de las cosas, de la belleza, de muchas relaciones, etc. Por eso no le teme a lo que mata el cuerpo, pero no puede matar el alma(Mateo 10,28). ¿A quién debo temer? Al que nos puede hacer perder el amor. Aquello que nos puede robar el alma, lo demás es secundario.

 

6-  ¿Cómo preparar mi muerte?

 a) Dar mi "Si" a morir hoy. Hipotéticamente sabemos que podemos morir hoy, nos hace bien si lo ejercitamos. ¿Cómo? Aprovechando las oportunidades que Dios nos da para dar el "Si" a que nada ni a nadie llevaré conmigo a la tumba. Partiré con las manos vacías. Todo y todos son valiosos, pero su valor es relativo: tener como si no tuviera, amar como si no amara. Morir es desprenderme de poseer. Desprenderme de las cosas que no puedo hacer y quisiera, de las que no puedo tener y busco, de lo que ya no fue mi vida y me da tristeza, etc. Desprenderme de las cosas que no salen como yo quisiera, de las expectativas frente a otras personas que no son como yo imaginaba; desprenderme de lo que yo quisiera hacer y no soy capaz. Dar el "Si" a la realidad tal como es.

b)  Ejercicio de la muerte. Cada noche hago el ejercicio de desnudarme y entro en la cama. Así mi alma está desnuda frente a Dios y me desprendo de todo, pues sin nada partiré. Así como estoy tendido en mi cama estaré en mi tumba. Eso me impulsa a dejar las apariencias que me engañan, los "rollos" que me nublan y quiero ir en pos de mi ideal, tras la única estrella de mi vida.

c)  Vivir nada más que por hoy. Quien vive de la fe busca lo único que Dios en verdad le da: ¡Vive el día de hoy¡ Teresa del niño Jesús con gran claridad escribió: "Mi vida es un instante, una efímera hora, momento que se evade y huye veloz. Para amarte, Dios mío, en esta tierra no tengo más que un día: ¡Sólo el día de hoy!". Al iniciar el día puedo ver que todo lo que haré es una oportunidad única y quizás la última para amar hoy. ¡Para amar sólo tengo este día!

 

 

Retiro Centro La Providencia – Santuario de Schoenstatt Bellavista

Octubre 2016 – P. Agustín Álvarez Ch.